{"id":1288,"date":"2026-08-10T10:18:02","date_gmt":"2026-08-10T15:18:02","guid":{"rendered":"https:\/\/modoreportero.arequipa.site\/?p=1288"},"modified":"2026-08-10T10:34:28","modified_gmt":"2026-08-10T15:34:28","slug":"los-autores-que-estan-escribiendo-su-propia-arequipa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/modoreportero.arequipa.site\/index.php\/2026\/08\/10\/los-autores-que-estan-escribiendo-su-propia-arequipa\/","title":{"rendered":"Los autores que est\u00e1n escribiendo su propia Arequipa"},"content":{"rendered":"\n<p>Nuevas narrativas que no buscan igualarse a los gigantes de las letras<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Por: Camila Riquelme (17)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En Arequipa nacer escritor es nacer en una biblioteca llena y ruidosa. Antes de preguntarte qu\u00e9 escribes, te recuerdan a Melgar y su yarav\u00ed. Despu\u00e9s te nombran a Enrique L\u00f3pez Alb\u00fajar y sus cuentos andinos. M\u00e1s adelante aparece Blanca Varela con su poes\u00eda que duele y C\u00e9sar Atahualpa Rodr\u00edguez, \u00abHidalgo\u00bb, con su voz popular. Y claro, siempre llegan Vargas Llosa y La ciudad y los perros. Cargar con esa tradici\u00f3n puede abrumar, pero tambi\u00e9n puede empujar; porque heredar no es copiar. Heredar es recibir la posta de gigantes y correr tu propia carrera. Y eso es justo lo que est\u00e1 haciendo una generaci\u00f3n que ya no quiere ser el \u00abnuevo\u00bb nadie: quiere ser el primero en contar su Arequipa.<\/p>\n\n\n\n<p>Ser joven y escribir aqu\u00ed es cargar con muchos apellidos. Entre todos ellos, el lector y el editor ya tienen una idea de c\u00f3mo \u00abdebe\u00bb sonar un arequipe\u00f1o. Por eso, cuando publicas un cuento sobre WhatsApp o un poema sobre el tr\u00e1fico en la avenida Ej\u00e9rcito, la primera pregunta es: \u00ab\u00bfY esto se parece a\u2026?\u00bb. Desde 2010 hay m\u00e1s libros locales, s\u00ed. Hay talleres y ferias, pero todos caen en la misma estanter\u00eda: \u00abAutores de la tierra de Vargas Llosa\u00bb. Medir a los nuevos con la vara de los gigantes cansa, porque antes de leerte ya decidieron el tono, el tema y hasta el final.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero esa misma tradici\u00f3n tambi\u00e9n abri\u00f3 la puerta. Gracias a ellos sabemos que se puede escribir desde el pueblo, desde el dolor, desde la iron\u00eda y desde lejos. Y con ese permiso, los j\u00f3venes ya no cuentan la misma ciudad. En San Camilo, entre verduras y abarrotes, un se\u00f1or de casi 60 a\u00f1os vende sus libros de cuentos en una mesa chica. Los imprime \u00e9l, los engrapa \u00e9l; lleva a\u00f1os escribiendo en las noches despu\u00e9s del trabajo. Es apasionado y habla de sus personajes como si fueran hijos. Pero mucha gente pasa, pregunta el precio del tomate y sigue; nadie le presta atenci\u00f3n. Aun as\u00ed, vuelve cada s\u00e1bado. Otros escriben del bus de las 6:00 a. m., de emigrar a Chile, de enamorarse por Instagram. Publican poes\u00eda en reels y hacen recitales en bares. No hablan del colegio militar de los 50: hablan del Misti con esmog, del mall, del cuarto alquilado. No est\u00e1n traicionando la tradici\u00f3n; la est\u00e1n actualizando.<\/p>\n\n\n\n<p>Arequipa no necesita otro Nobel ma\u00f1ana; necesita cien voces distintas que digan \u00abyo tambi\u00e9n soy de aqu\u00ed\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nuevas narrativas que no buscan igualarse a los gigantes de las letras Por: Camila Riquelme (17) En Arequipa nacer escritor es nacer en una biblioteca llena y ruidosa. Antes de preguntarte qu\u00e9 escribes, te recuerdan a Melgar y su yarav\u00ed. Despu\u00e9s te nombran a Enrique L\u00f3pez Alb\u00fajar y sus cuentos andinos. M\u00e1s adelante aparece Blanca Varela con su poes\u00eda que duele y C\u00e9sar Atahualpa Rodr\u00edguez, \u00abHidalgo\u00bb, con su voz popular. Y claro, siempre llegan Vargas Llosa y La ciudad y los perros. Cargar con esa tradici\u00f3n puede abrumar, pero tambi\u00e9n puede empujar; porque heredar no es copiar. Heredar es recibir la posta de gigantes y correr tu propia carrera. Y eso es justo lo que est\u00e1 haciendo una generaci\u00f3n que ya no quiere ser el \u00abnuevo\u00bb nadie: quiere ser el primero en contar su Arequipa. Ser joven y escribir aqu\u00ed es cargar con muchos apellidos. Entre todos ellos, el lector y el editor ya tienen una idea de c\u00f3mo \u00abdebe\u00bb sonar un arequipe\u00f1o. Por eso, cuando publicas un cuento sobre WhatsApp o un poema sobre el tr\u00e1fico en la avenida Ej\u00e9rcito, la primera pregunta es: \u00ab\u00bfY esto se parece a\u2026?\u00bb. Desde 2010 hay m\u00e1s libros locales, s\u00ed. Hay talleres y ferias, pero todos caen en la misma estanter\u00eda: \u00abAutores de la tierra de Vargas Llosa\u00bb. Medir a los nuevos con la vara de los gigantes cansa, porque antes de leerte ya decidieron el tono, el tema y hasta el final. Pero esa misma tradici\u00f3n tambi\u00e9n abri\u00f3 la puerta. Gracias a ellos sabemos que se puede escribir desde el pueblo, desde el dolor, desde la iron\u00eda y desde lejos. Y con ese permiso, los j\u00f3venes ya no cuentan la misma ciudad. En San Camilo, entre verduras y abarrotes, un se\u00f1or de casi 60 a\u00f1os vende sus libros de cuentos en una mesa chica. Los imprime \u00e9l, los engrapa \u00e9l; lleva a\u00f1os escribiendo en las noches despu\u00e9s del trabajo. Es apasionado y habla de sus personajes como si fueran hijos. Pero mucha gente pasa, pregunta el precio del tomate y sigue; nadie le presta atenci\u00f3n. Aun as\u00ed, vuelve cada s\u00e1bado. Otros escriben del bus de las 6:00 a. m., de emigrar a Chile, de enamorarse por Instagram. Publican poes\u00eda en reels y hacen recitales en bares. No hablan del colegio militar de los 50: hablan del Misti con esmog, del mall, del cuarto alquilado. No est\u00e1n traicionando la tradici\u00f3n; la est\u00e1n actualizando. 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