{"id":1535,"date":"2026-08-28T18:35:09","date_gmt":"2026-08-28T23:35:09","guid":{"rendered":"https:\/\/modoreportero.arequipa.site\/?p=1535"},"modified":"2026-08-28T18:35:11","modified_gmt":"2026-08-28T23:35:11","slug":"el-honor-y-el-orgullo-por-representar-lo-que-amamos-es-incalculable","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/modoreportero.arequipa.site\/index.php\/2026\/08\/28\/el-honor-y-el-orgullo-por-representar-lo-que-amamos-es-incalculable\/","title":{"rendered":"El honor y el orgullo por representar lo que amamos es incalculable"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-left\">El \u00faltimo Pabell\u00f3n; cr\u00f3nica de un abanderado colmado de civismo.<br><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Por: Arturo Paz Curasi (16)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Recuerdo que no dorm\u00ed bien la noche anterior. En la oscuridad, repasaba el brazo, la postura y la posici\u00f3n del asta, como si mi cuerpo necesitara convencerse de que estaba listo.<\/p>\n\n\n\n<p>Lleg\u00f3 el d\u00eda esperado. Eran las 8:30 de la ma\u00f1ana del 12 de julio de 2026 cuando la avenida Independencia tembl\u00f3 bajo el paso de treinta y seis colegios. El cielo limpio de la blanca ciudad brillaba, yo iba al frente de mi escolta, con el Pabell\u00f3n Nacional firme en mis manos y el sudor fr\u00edo bajando por mi espalda antes del primer tambor.<\/p>\n\n\n\n<p>Soy abanderado de la Instituci\u00f3n Educativa San Juan Bautista de La Salle, el colegio de Umacollo que en 2027 cumplir\u00e1 cien a\u00f1os, y ese d\u00eda camin\u00e9 sabiendo que cada paso val\u00eda doble: por el peso del s\u00edmbolo y por el de una despedida sin regreso. El p\u00fablico se apretaba tras las vallas, yo sent\u00eda sus ojos sobre la tela y, por un instante, sent\u00ed que la patria avanzaba sobre el asfalto.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de salir, un compa\u00f1ero de mi propia escolta puso la mano sobre mi hombro y no dijo nada; realmente no hac\u00eda falta. Meses de ensayos bajo el inclemente sol arequipe\u00f1o nos hab\u00edan ense\u00f1ado a hablar as\u00ed: corrigiendo el mismo movimiento cientos de veces hasta que saliera limpio, cuid\u00e1ndonos cuando alguien dudaba y sosteni\u00e9ndonos cuando el cansancio pesaba m\u00e1s de la cuenta.<\/p>\n\n\n\n<p>La pancarta, la banda, los docentes que nunca se fueron temprano a casa, mi escolta, el escolt\u00edn, el estado mayor, la secci\u00f3n de gallardetes y el batall\u00f3n entero lo dimos todo ese d\u00eda. Y, en alg\u00fan punto de aquella multitud, supe que mi familia me buscaba con la mirada.<\/p>\n\n\n\n<p>En primaria arrasamos: 250 puntos, la nota m\u00e1s alta. El pecho se me hinch\u00f3 de j\u00fabilo. Pero en secundaria, ante el jurado, la historia fue distinta. Desfilamos con la disciplina de quien no se permite un error y con la certeza de que aquel paso no era solo m\u00edo, sino nuestro; sin embargo, nos superaron, el primer puesto fue para la Instituci\u00f3n Educativa Independencia Americana, que se llev\u00f3 el oro que tanto so\u00f1amos; el mismo colegio que celebrar\u00e1 su bicentenario cuando nosotros cumplamos cien. Ah\u00ed, a\u00fan con el asta firme entre las manos, sent\u00ed el pecho roto. Llor\u00e9 sin verg\u00fcenza, con la vista al frente, porque un abanderado no baja la cabeza ni cuando est\u00e1 quebrado.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese momento me permit\u00ed sentirlo todo: la rabia, la tristeza y, de forma extra\u00f1a, tambi\u00e9n el orgullo. No lloraba solo por el resultado; lloraba porque comprend\u00ed que aquella era mi \u00faltima vez con esa bandera y porque descubr\u00ed cu\u00e1nto quer\u00eda realmente a mi colegio.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos d\u00edas despu\u00e9s, el 14 de julio, nos dieron el d\u00eda libre como reconocimiento al esfuerzo. Aun as\u00ed, quienes hab\u00edamos desfilado no descansamos: nos levantamos temprano para ensayar y presentarnos en el concurso de la Polic\u00eda Escolar, con el cuerpo cansado, pero con las ganas intactas. Nadie nos oblig\u00f3. Aun as\u00ed, volvimos, porque algo dentro de nosotros dec\u00eda que no pod\u00edamos detenernos justo ah\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Semanas m\u00e1s tarde, el mar de Mollendo me recibi\u00f3 con su brisa salina, lejos ya del ruido de la avenida. En el malec\u00f3n de Islay volv\u00ed a izar la misma bandera, esta vez sin jurado ni marcador, solo por el gusto de sentirla entre las manos, como cuando todo esto empez\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>El rumor de las olas se mezcl\u00f3 entonces con los tambores de julio. En ese momento entend\u00ed algo que el resultado no me hab\u00eda dejado ver: lo hecho con amor, a pesar de todo, siempre termina ganando de alguna manera.<\/p>\n\n\n\n<p>No conseguimos el primer puesto, pero recuperamos el derecho a sentirnos un gran colegio frente a toda la ciudad. Yo me quedo con la tranquila certeza de haber entregado, hasta el \u00faltimo paso, todo lo que ten\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Otros brazos m\u00e1s j\u00f3venes sostendr\u00e1n este Pabell\u00f3n de ahora en adelante. Ya no estar\u00e9 dentro de la escolta, pero gritar\u00e9 desde afuera, como exalumno, con el coraz\u00f3n al mismo comp\u00e1s de siempre, por mi querida alma m\u00e1ter.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El \u00faltimo Pabell\u00f3n; cr\u00f3nica de un abanderado colmado de civismo. Por: Arturo Paz Curasi (16) Recuerdo que no dorm\u00ed bien la noche anterior. En la oscuridad, repasaba el brazo, la postura y la posici\u00f3n del asta, como si mi cuerpo necesitara convencerse de que estaba listo. Lleg\u00f3 el d\u00eda esperado. Eran las 8:30 de la ma\u00f1ana del 12 de julio de 2026 cuando la avenida Independencia tembl\u00f3 bajo el paso de treinta y seis colegios. El cielo limpio de la blanca ciudad brillaba, yo iba al frente de mi escolta, con el Pabell\u00f3n Nacional firme en mis manos y el sudor fr\u00edo bajando por mi espalda antes del primer tambor. Soy abanderado de la Instituci\u00f3n Educativa San Juan Bautista de La Salle, el colegio de Umacollo que en 2027 cumplir\u00e1 cien a\u00f1os, y ese d\u00eda camin\u00e9 sabiendo que cada paso val\u00eda doble: por el peso del s\u00edmbolo y por el de una despedida sin regreso. El p\u00fablico se apretaba tras las vallas, yo sent\u00eda sus ojos sobre la tela y, por un instante, sent\u00ed que la patria avanzaba sobre el asfalto. Antes de salir, un compa\u00f1ero de mi propia escolta puso la mano sobre mi hombro y no dijo nada; realmente no hac\u00eda falta. Meses de ensayos bajo el inclemente sol arequipe\u00f1o nos hab\u00edan ense\u00f1ado a hablar as\u00ed: corrigiendo el mismo movimiento cientos de veces hasta que saliera limpio, cuid\u00e1ndonos cuando alguien dudaba y sosteni\u00e9ndonos cuando el cansancio pesaba m\u00e1s de la cuenta. La pancarta, la banda, los docentes que nunca se fueron temprano a casa, mi escolta, el escolt\u00edn, el estado mayor, la secci\u00f3n de gallardetes y el batall\u00f3n entero lo dimos todo ese d\u00eda. Y, en alg\u00fan punto de aquella multitud, supe que mi familia me buscaba con la mirada. En primaria arrasamos: 250 puntos, la nota m\u00e1s alta. El pecho se me hinch\u00f3 de j\u00fabilo. Pero en secundaria, ante el jurado, la historia fue distinta. Desfilamos con la disciplina de quien no se permite un error y con la certeza de que aquel paso no era solo m\u00edo, sino nuestro; sin embargo, nos superaron, el primer puesto fue para la Instituci\u00f3n Educativa Independencia Americana, que se llev\u00f3 el oro que tanto so\u00f1amos; el mismo colegio que celebrar\u00e1 su bicentenario cuando nosotros cumplamos cien. Ah\u00ed, a\u00fan con el asta firme entre las manos, sent\u00ed el pecho roto. Llor\u00e9 sin verg\u00fcenza, con la vista al frente, porque un abanderado no baja la cabeza ni cuando est\u00e1 quebrado. En ese momento me permit\u00ed sentirlo todo: la rabia, la tristeza y, de forma extra\u00f1a, tambi\u00e9n el orgullo. No lloraba solo por el resultado; lloraba porque comprend\u00ed que aquella era mi \u00faltima vez con esa bandera y porque descubr\u00ed cu\u00e1nto quer\u00eda realmente a mi colegio. Dos d\u00edas despu\u00e9s, el 14 de julio, nos dieron el d\u00eda libre como reconocimiento al esfuerzo. Aun as\u00ed, quienes hab\u00edamos desfilado no descansamos: nos levantamos temprano para ensayar y presentarnos en el concurso de la Polic\u00eda Escolar, con el cuerpo cansado, pero con las ganas intactas. Nadie nos oblig\u00f3. Aun as\u00ed, volvimos, porque algo dentro de nosotros dec\u00eda que no pod\u00edamos detenernos justo ah\u00ed. Semanas m\u00e1s tarde, el mar de Mollendo me recibi\u00f3 con su brisa salina, lejos ya del ruido de la avenida. 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