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La dependencia de la IA en los estudiantes


La dependencia de la IA en los estudiantes

Por: Melany Totocayo Terán (16)

Cuando dejamos de ver a la IA como una herramienta y la
convertimos en el reemplazo de nuestro pensamiento.
Últimamente la inteligencia artificial se ha vuelto algo muy común entre los estudiantes. La
utilizamos para buscar información, resolver problemas o actividades de la vida
cotidiana y en ocasiones o en su mayoría es bastante útil. Pero no se habla
sobre el daño que genera el uso constante de esta.


Pensemos en un ejemplo. Un estudiante tiene un examen de matemáticas
y al verlo se da cuenta de que no entiende ningún ejercicio, entonces toma la decisión
de sacar su celular, tomarle foto y mandárselo a algún ChatBot (Gemini, ChatGPT,
Dola, etc.). En poco tiempo obtiene la respuesta y la nota asegurada. Esto
no solo sucede con matemáticas, también con diferentes cursos. Tal vez en ese
momento parece una solución rápida, pero después puede convertirse en una
costumbre que nos quite la oportunidad de aprender por nosotros mismos.
Los investigadores comentan sobre un fenómeno llamado
AIlessphobia.

Se trata de una dependencia de la inteligencia artificial con
resultados negativos para la salud mental y física como la ansiedad y falta de
autoconfianza a la hora de desempeñar labores académicas. No significa que
exista una enfermedad llamada así ni que todos los estudiantes que usan IA sean
adictos. Más bien, es una señal de que nuestra relación con esta tecnología
está cambiando y todavía necesitamos aprender a usarla de una manera
responsable.


El problema no es la IA. Es inevitable negar que nos puede
ayudar bastante. El problema aparece cuando dejamos de intentar las cosas por
nuestra cuenta. No es lo mismo pedirle a la IA que nos explique un ejercicio
que pedirle que lo resuelva para copiarlo. Tampoco es igual usarla para revisar
una tarea que dejar que escriba todo nuestro trabajo.


Existe otro problema que muchas veces olvidamos: el impacto
ambiental. La IA necesita enormes centros de datos que consumen mucha
electricidad. La Agencia Internacional de la Energía nos menciona que el
consumo eléctrico de los centros de datos podría duplicarse hasta 2030. Así que
cada vez que hablamos del crecimiento de la IA, también deberíamos pensar en el
impacto ambiental que tiene.


Aún estamos aprendiendo a utilizar esta tecnología. Por eso
debemos tener cuidado con algo que parece pequeño: con la aparición de la IA
empezamos a preguntar antes de pensar. Si cada vez que algo nos cuesta buscamos
inmediatamente una respuesta, podemos perder poco a poco la confianza en
nuestras propias ideas. Equivocarse también enseña, aunque sea más lento y más
difícil.


La IA puede darnos respuestas en segundos, pero hay algo
que ninguna respuesta puede reemplazar: el proceso de aprender. Porque si
dejamos que una máquina haga cada tarea, resuelva cada problema y piense cada
idea por nosotros, quizá un día tengamos todas las respuestas que necesitamos,
pero ya no sepamos cómo encontrarlas solos.

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