Lo más importante es tratar de entendernos con todos para que nos entiendan.
Por: Katherine Ccari (15)
A la salida de una institución educativa en Arequipa, dos estudiantes de secundaria caminaban apurados. Uno le dijo al otro, casi en broma pero serio: «Ya pues, deja de hacer eso, te ves bien NPC, mejor ponte derecho y farmea aura para el video de TikTok». Me detuve un segundo.
Hace cinco años esa frase se habría traducido sola: «compórtate y trata de caer bien». Hoy tuve que quedarme pensando y después buscar qué quería decir. Y esa es la realidad que estamos viviendo en las IE, en los parques, en los grupos de WhatsApp y hasta en algunas exposiciones del colegio: los jóvenes ya no hablan como nosotros. Hablan con un diccionario propio que se actualiza cada semana.
Antes las palabras nuevas nacían en la calle. «Chido», «güey», «no manches» tardaban años en recorrer el país. Ahora una frase nace en un directo de Twitch a las diez de la mañana y a las tres de la tarde ya la están repitiendo en el recreo, en Lima, en Arequipa y en Monterrey. El cambio no vino de la noche a la mañana. Vino con el celular en la mano. Los chicos pasan más horas conectados que frente a una pantalla. Juegan en línea, ven streamers, siguen creadores que aunque hablan español sueltan términos en inglés cada nada.
De ahí salió «farmear», de los videojuegos. Significa repetir una acción para ganar puntos o recompensas. De ahí salió «aura», de esos videos de TikTok donde alguien camina serio con música de fondo y todos comentan «uff, qué aura». Cuando juntas las dos te sale «farmear aura»: hacer cosas a propósito para verte cool, misterioso, para que la gente te note y te dé like. Si lo traducimos al español de antes sería larguísimo. Por eso ellos lo dejaron en dos palabras y ya.
Y aquí es donde muchos adultos se equivocan y dicen que los jóvenes perdieron su identidad.
Ahora en el salón escuchas: «Chale, me dio un cringe bien feo cuando ese vato se puso a flexear en la exposición».
Es español, es inglés y es meme todo junto. Es como si le hubiéramos echado ají al sushi. Al inicio suena raro, pero ya se volvió de nosotros.
Ese revoltijo funciona como un código. Si lo entiendes, eres parte del grupo. Si preguntas «¿qué es aura?» automáticamente te delatas como el profe, como el papá, como el que está fuera.
La pregunta que todos nos hacemos es si esto trae algo bueno o solo problemas. Y la respuesta honesta es que trae las dos cosas. Para empezar, sí tiene beneficios. El primero es la velocidad.
En una época donde todo es inmediato, decir «estoy farmeando aura» ahorra tiempo. Resume una idea completa en dos palabras y todos en el grupo la entienden. El segundo beneficio es la identidad.
En la adolescencia uno busca a qué grupo pertenecer. Tener un lenguaje propio es una forma de decir «yo soy de aquí». Es marcar territorio sin pelear. Y el tercer beneficio, que pocos ven, es la creatividad. Los chicos no están copiando el inglés tal cual. Lo están agarrando, lo están mordiendo, le están poniendo acento peruano y lo están devolviendo convertido en otra cosa. Eso mismo hizo el español durante siglos con el árabe, con el náhuatl y con el francés. Los idiomas vivos siempre han tomado prestado.
Pero también hay riesgos y sería mentir si dijera que no. El más grande está en la escuela.
Cuando un estudiante solo sabe hablar así, le cuesta mucho cambiar de registro. Le cuesta redactar un informe sin poner «xd», le cuesta sustentar sin decir «literal», le cuesta escribir un correo para postular a un trabajo. El lenguaje es como la ropa. Uno no va a la entrevista con el buzo del colegio, y tampoco va al recreo con terno. Ambos están bien, pero cada uno en su lugar.
El español nunca ha sido puro. Siempre ha estado cambiando. Lo distinto ahora es la velocidad. Antes una palabra demoraba veinte años en popularizarse. Hoy demora veinte horas. «Farmear aura» probablemente en un año ya nadie lo diga. En su lugar habrá diez frases nuevas que tampoco vamos a entender al inicio. Y eso va a seguir pasando. No es la primera vez ni será la última.
Entonces, ¿qué hacemos? ¿Prohibimos las palabras? ¿Les ponemos nota baja por decir «NPC»? No creo. Prohibir nunca ha funcionado. Lo que sí funciona es enseñar el contexto. Enseñar que está bien hablar así con los amigos en el patio de la IE, pero que en el aula, en una exposición o en un trabajo se necesita otro tipo de lenguaje. La escuela y la casa tienen que hacer ese trabajo juntos. No se trata de pelear contra TikTok. Se trata de darle al chico herramientas para que pueda moverse en los dos mundos sin perderse en ninguno.
Dentro de unos años, cuando seamos nosotros los que no entendemos, alguien nos va a tener que explicar qué significaba «farmear aura». Y ahí vamos a tener dos opciones: poner cara de espanto o preguntar, reírnos y después enseñarles nosotros una palabra de nuestra época. Un «qué bacán» por un «qué aura».
Al final hablar siempre ha sido lo mismo: buscar que el otro nos entienda. Aunque para lograrlo hoy tengamos que aprender primero qué diablos significa «aura».

















