El celular no es el enemigo: depende de nosotros usarlo a favor de nuestra educación.
Por: María Huahuala (16)
Hoy en día, el celular es una herramienta indispensable en nuestra vida diaria y escolar. Nos ayuda a buscar información rápidamente, leer materiales y comunicarnos con nuestra familia. Sin embargo, muchas veces le damos un uso inadecuado dentro del aula, perjudicando nuestro aprendizaje cuando debería ser nuestro gran apoyo. Vemos a compañeras usar el celular a escondidas durante clase, aprovechando que el docente no mira o que se autorizó su uso.
En lugar de investigar y aprender, entramos a redes sociales, vemos videos, jugamos o chateamos. Eso nos distrae, rompe la concentración y afecta a todo el salón. Lo que debería ayudarnos se convierte en una distracción que nos hace perder oportunidades de aprender. Incluso baja nuestro rendimiento, porque dependemos del teléfono, no escuchamos bien las explicaciones ni tomamos apuntes de lo explicado.
También nos afecta socialmente: al dejar de conversar con nuestros compañeros, nos aislamos y nos volvemos dependientes, sintiendo ansiedad si no revisamos el celular constantemente. Por eso son tan importantes los talleres y actividades que ofrece el colegio (deportes, cocina, arte). En ellos descubrimos que podemos aprender, convivir y divertirnos sin necesidad de pantallas.
Cuando un docente confía en nosotras y nos permite usar el celular, y nosotras lo usamos para otras cosas, rompemos esa confianza demostrando que nos falta responsabilidad. Por eso ahora se ha prohibido su uso completo en el colegio, aunque muchos siguen usándolo con más cuidado para que no se lo decomisen. Por ello, el celular no es el problema, sino cómo lo usamos. Si lo utilizamos con responsabilidad, será una excelente herramienta para aprender; o bien, seguirá alejándonos de nuestras metas. El cambio está en nuestras manos y depende de nosotras decidir ser más responsables.

















