Todas nuestras tradiciones tienen las mismas raíces.
Por: Ariana Payalich (15)
Desde que empecé a bailar caporales, entendí que no es solo una danza, sino una forma de expresar orgullo, esfuerzo y amor por nuestras tradiciones. Cada ensayo, cada paso y cada presentación tienen un significado especial, porque detrás de todo hay muchas horas de preparación y el deseo de dar lo mejor. Este deseo de hacer lo mejor como un grupo unido es una gran fuerza para dejar diferencias de lado y avanzar todos a la par.
Tuve la oportunidad de bailar en el Corso de Cerro Colorado; fue el primer corso que bailé en Arequipa. Me di cuenta de muchas cosas; una de las principales fueron los gritos de amigos. A mí me habían enseñado los pasos exactamente para la celebración de Candelaria, pues fue el primer evento en el que participé, pero en este le hacían modificaciones a ciertos pasos para poder mantener el respeto a Arequipa e incluso en nuestra barra escuché que empezaron a decir “Arequipa”.
Al inicio siempre me confundía, pero me explicaron que ellos siempre han tenido respeto a la ciudad donde iban a presentar el baile, que no importa a donde vayan siempre se iban a adaptar a la ciudad que los iba a acoger. Es algo que me agrada bastante, pues yo soy arequipeña y me encantó que no solo mi filial tenga el respeto, sino todas las filiales que venían: Tacna, Puno, Lima, entre otras.
Aunque el cansancio se hacía sentir, cada aplauso y cada sonrisa del público hacían que todo resultara provechoso; fue el corso donde más practiqué, pues solo tenía apenas 2 meses ensayando, no sabía algunos pasos aún.
La celebración de la Virgen de la Candelaria fue el primer evento en el que participé, una experiencia que jamás olvidaré. Ver las calles llenas de gente, escuchar la música y sentir la energía de todos los bailarines fue algo emocionante. Fueron más de 5 días seguidos bailando, donde diferentes ciudades se reunían, coordinaban para poder bailar de forma ordenada a pesar de la cantidad de gente que había.
Ahora me encuentro preparándome con mucho entusiasmo para participar en el Corso de Luces, pero me han dado una noticia que la verdad me había afectado: mi agrupación no iba a participar en el Corso de la Amistad de Arequipa, un corso al que yo anhelaba ir y no solo yo, todos los de mi agrupación. El motivo fue algo que no me esperaba; me dio mucha tristeza ver que la participación de federaciones foráneas fuera rechazada por algunas personas debido a la idea de que íbamos a faltar el respeto al Corso de Arequipa o a imponer una cultura diferente.
Desde mi experiencia, nunca fue esa la intención. He visto a mis compañeros de baile practicar horas para poder dar un buen paso, gastar sus voces para gritar con orgullo la ciudad que está de celebración. No deja de ser decepcionante las críticas, también los comentarios ofensivos contra danzantes de otros lugares del Perú. Leer insultos o expresiones despectivas hacia personas de otras regiones duele, especialmente porque nosotros también compartimos esas raíces andinas. Al final, más allá de la región de donde vengamos, todos somos peruanos y nuestras tradiciones merecen el mismo respeto.
¿De qué sirve decir con orgullo «soy peruano» si somos los primeros en burlarse de otras regiones y despreciar sus costumbres? Cada cultura, tradición y forma de vivir es parte de la historia del Perú. Cuando discriminamos a otro peruano por su origen, no solo lo estamos rechazando a él, también a una parte de nuestro propio país. Tal vez ha llegado el momento de preguntarnos si queremos seguir dividiéndonos por nuestras diferencias o empezar a unirnos gracias a ellas.
Ojalá algún día entendamos que celebrar nuestras tradiciones no debería dividirnos, sino acercarnos. Bailar carnavales, yaravíes, marinera no es muy diferente a danzar caporales, morenada, tobas; danzar diversos bailes nunca ha significado reemplazar la identidad de Arequipa, sino compartir con orgullo una expresión cultural que también forma parte de la riqueza de nuestra región andina y vivir la fiesta junto a todos los arequipeños.
Dejemos de criticarnos, despreciarnos, atacarnos entre nosotros y mejor disfrutemos las fiestas que deberían unirnos más por el orgullo y respeto a nuestras tierras. Arequipa es del sur, Arequipa es del Perú, Arequipa es del mundo.

















