Por: Hna. Milagros Girón Pizarro aci. – directora.
Nuestro Colegio Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús cumplió 2024 cien años de fundación. Ha sido un regalo poder festejarlo con toda la comunidad educativa. El sueño se fue haciendo realidad con la llegada de las primeras religiosas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús a la ciudad de Arequipa en el año 1921. Posteriormente se abrió la escuela con 160 niñas matriculadas que destacaban por su buena formación para la vida, con las labores del bordado, entre otras cosas y la buena preparación para los sacramentos y la vida cristiana. Con el correr del tiempo, el centro educativo se trasladó de Palacio Viejo a Umacollo donde actualmente nos encontramos fieles a la herencia recibida de Santa Rafaela María, Madre Pilar y las primeras religiosas de la congregación.
El alma del Colegio es la comunidad educativa conformada por nuestros estudiantes desde los más pequeños hasta los más grandes, los padres de familia, el personal de la Institución y los exalumnos, todos juntos, con identidad, que inspira el Carisma Eucarístico-Reparador, con la consigna: “Todos unidos en todo como los dedos de la mano” (Sta. Rafela María), vamos haciendo posible el proyecto educativo, la educación evangelizadora, cuyo centro es la Pastoral, que promueve la maduración del ser humano en la fe y los valores cristianos, la convivencia sana y fraterna, el acompañamiento personal, el servicio solidario que posibilita a la persona a ser un agente de cambio allí donde se encuentre, que ejerza su liderazgo reparador y reconciliador en el cuidado de la creación, de la casa común, en el compromiso con los más vulnerables y la ciudadanía responsable.
La tarea de educar es un desafío de cada día. Apostamos por el crecimiento integral del ser humano, una sólida formación académica junto a una formación humana y espiritual. Los estudiantes comienzan la jornada con la oración, luego se disponen a aprender de acuerdo a lo que cada docente vaya indicando, con un estilo educativo centrado en la persona, mediante el trabajo en equipo, reconociendo sus intereses y potencialidades a desarrollar. La jornada se va cerrando con la pausa diaria ignaciana, momento para crecer en confianza en Dios, reconociendo su paso y su obra en el transcurrir del día.
Nuestros niños y jóvenes descubren sus cualidades y habilidades en las distintas áreas curriculares, además de espacios que se generan para unirse entre promociones y mejorar sus relaciones interpersonales como las jornadas, retiros, viajes de estudio, campañas, visitas a hogares, festivales de talentos, de música, etc. Es un reto que los niños y jóvenes encuentren una propuesta donde ellos sean los protagonistas, resuelvan sus problemas, establezcan relaciones sanas y maduras con sus compañeros, crezcan en espacios distintos a los que se les ofrece a través de las redes sociales, sientan el gusto por el servicio desinteresado y generoso como miembros de la Pastoral o en el Municipio Escolar, disfruten del arte, el deporte, la ciencia, el aprendizaje de un nuevo idioma. Es importante que un niño o un joven inviertan su tiempo en sacarle provecho a su formación. Más que quedarse atrapados por el celular están gastando sus energías jugando un partido de fútbol, de vóley, haciendo una acción solidaria, participando en un evento cultural o gestando una actividad bonita y significativa para sus demás compañeros.
La vida en el centro educativo es intensa y alegre, se distinguen las horas de estudio y de recreo, el silencio y el ruido se integran. Es hermoso ver crecer a nuestros estudiantes, acompañarlos y recibirlos cuando van logrando metas importantes en la vida, “Ser profesionales”, “Construir un hogar”, “Servir a la iglesia y a la sociedad con una vocación que es un don de Dios que hay que cultivar”; conocer también y acompañar a las familias, ofrecerles espacios de integración a través del deporte sano, de la danza, de actividades que convocan y los hacen más fraternos y solidarios; esto es un desafío también, devolver a las familias el protagonismo de ser los primeros educadores alcanzándoles estrategias para la crianza de los hijos, para reparar las relaciones entre ellos y animarlos a la cultura del encuentro, no de la marginación o del individualismo.
En el Colegio hay muchas experiencias, momentos de reflexión, de compartir, de proyectarse, de levantarse, de seguir soñando y luchando. Juntos, hacemos posible nuestra misión y visión, convencidos que educar es una pasión, es un compromiso, es un reto. Damos gracias a Dios por cada hecho que es motivo de aprendizaje y de crecimiento en comunidad, en unión, con humildad, con la certeza de que avanzamos, con esperanza, con lo que somos, con nuestro lema: amar, adorar y servir.
















