Los partidos fusionan talentos creando hermandad.
Por: Víctor Torres (16)
¿Se imaginan un viaje de una semana deportiva? Cuando me comunicaron que viajaríamos a los Juegos Interjesuíticos, pensé que todo giraría alrededor de los partidos de vóley, fútbol y básquet. Imaginaba canchas repletas de gente, competencias intensas y la emoción de representar a mi colegio. Sin embargo, apenas comenzaron las actividades, me di cuenta de que este encuentro significaba más que una competencia o deporte.
Durante esa semana nos reunimos estudiantes de los cuatro colegios jesuitas del Perú (San José de Arequipa, Inmaculada de Lima, Cristo Rey de Tacna y San Ignacio de Loyola de Piura). Entre partidos, dinámicas de integración y momentos compartidos, tuve la grata oportunidad de conocer a personas que hasta entonces eran completamente desconocidas. Sin darme cuenta, poco a poco, aquellas personas se convirtieron en amigos.
Uno de los momentos que más recuerdo fue cuando nos mezclaron con estudiantes de todos los colegios para formar nuevos equipos. Me sorprendió bastante porque, en años anteriores, cada estudiante representaba únicamente a su propio colegio. Al principio pensé que no era una buena idea, ya que estaba acostumbrado a competir junto a mis compañeros de escuela. Sin embargo, con el desarrollo de las actividades, mi opinión cambió por completo. Gracias a esa decisión tuve la oportunidad de conocer mejor a personas de otros colegios, compartir experiencias con ellas y crear nuevas amistades. Lo que parecía un simple cambio en la organización terminó convirtiéndose en una de las experiencias más significativas de todo el encuentro.
Con el paso de los días, empecé a entender el verdadero propósito de esta nueva dinámica. Al formar equipos con estudiantes de los cuatro colegios, dejamos de relacionarnos únicamente con nuestros amigos de siempre y nos abrimos a conocer a nuevas personas. Cada actividad, cada conversación y cada partido se convirtió en una oportunidad para acercarnos más.
Esta experiencia me permitió comprender mejor una enseñanza que forma parte de nuestra educación jesuita: “Ser más para servir mejor”. Al convivir con estudiantes de diferentes ciudades, escuchar sus experiencias y crear nuevos lazos de amistad, crecí no solo como deportista, sino también como persona. Entendí que cada encuentro es una oportunidad para aprender de los demás y que ese crecimiento cobra verdadero sentido cuando nos ayuda a ser mejores compañeros, amigos y miembros de nuestra comunidad.

















