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TERREMOTO; LA CALMA PUEDE ABANDONARNOS MAÑANA

Las amenazas nunca te tocan la puerta.No esperemos al desastre.

Por: Mishel Huamani (15)

El Perú no es ajeno a los desastres. El 23 de junio de 2001, un terremoto de gran magnitud sacudió el sur del país y dejó graves consecuencias en Arequipa, Moquegua y Tacna. Han pasado más de dos décadas. Para quienes lo vivieron, permanece notoriamente cicatrizado; y para muchos de nosotros, apenas es una fecha.

Y quizá ahí comienza nuestra comodidad.

Sabemos que vivimos en el Cinturón de Fuego del Pacífico. Sabemos que la actividad sísmica es parte de nuestra realidad. Sabemos que existen riesgos de tsunami, huaycos, inundaciones y fenómenos como El Niño. Lo sabemos tanto que hemos conseguido normalizar el peligro.
Salgamos de nuestra comodidad y pensemos en nuestras familias.

Yo estoy en mi habitación. Mi mamá está en otra parte de la casa. Mi papá quizá está trabajando. Mis hermanos están haciendo lo suyo. Es una noche cualquiera. Entonces empieza a temblar. ¿A quién busco primero? ¿Dónde nos encontramos? ¿Sabemos qué hacer?

Y, sobre todo, ¿qué pasaría si por haberlo dejado para después mi familia y yo tuviéramos que improvisar en el peor momento posible? Ahí deja de ser una noticia y empieza a ser nuestra vida.

Entonces, ¿qué podemos hacer mientras todavía estamos tranquilos?

Hablarlo en familia. Identificar las zonas seguras de nuestra casa y las rutas de evacuación. Establecer un punto de encuentro. Preparar y revisar una mochila de emergencia. Acordar cómo comunicarnos si nos separamos. No son acciones heroicas. Son decisiones pequeñas que solo parecen innecesarias mientras no las necesitamos.
Porque esa es nuestra contradicción: nos preocupa el desastre cuando aparece en las noticias, pero no siempre cuando tenemos la oportunidad de prevenirlo.

Tal vez la mochila está incompleta. Tal vez nunca preguntamos cuál es la ruta de evacuación. Tal vez creemos que el próximo gran terremoto ocurrirá cuando ya seamos mayores. Tal vez simplemente confiamos en la suerte.

Pero un terremoto no sabe quién hizo su tarea de prevención y quién no. Tampoco podemos saber cuándo ocurrirá uno de gran magnitud. Lo que sí podemos decidir es cuánto habremos hecho antes de que ocurra.
Por eso, quizá la pregunta ya no debería ser “¿y si mañana tiembla?” Quizá debería ser otra, mucho más incómoda: ¿Qué hice hoy para que mi familia esté preparada?

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