El Monasterio de Santa Teresa mezcla la riqueza del arte colonial con el misticismo de la vida en clausura.
Por: Tate Morales (17)
En el corazón del histórico Monasterio de San José y Santa Teresa, en Arequipa, se encuentra un tesoro invaluable que muestra mucho más que solo arte: el Museo de Arte Virreinal Santa Teresa, también conocido como el “Museo vivo”. Acuña su apodo gracias a sus espacios y objetos que siguen usándose por la comunidad de monjas Carmelitas Descalzas que viven en el monasterio, dedicadas a la vida de clausura y contemplación. Su experiencia única trae una gran combinación de lo sagrado y lo cultural; así pues, se hace palpable el legado de fe y arte de este místico lugar.
Fundado el 23 de noviembre de 1710 por monjas de la misma orden procedentes del Cusco y lideradas por la Madre María de Cristo Ramos Zabala, su primera Madre Priora, el convento se construyó en terrenos donados por la familia Arbe.
Tras el devastador terremoto del 23 de junio de 2001, que afectó gravemente la iglesia, el claustro, el campanario y, en especial, el muro que da hacia Peral, el monasterio necesitó ingresos para pagar a los restauradores Franz Grupp y Zully Mercado, las primeras personas ajenas en ingresar en 300 años. El valor de las obras observadas motivó la apertura del museo en 2005, exponiendo más de 300 piezas de pintura, escultura, orfebrería y mobiliario procedentes en su mayoría de dotes y donaciones coloniales.
El monasterio mantiene un límite máximo de 21 monjas para preservar su modelo de vida contemplativa inspirado en el profeta Elías, del Antiguo Testamento, el cual sostiene que el alejamiento del exterior permite una mayor cercanía con Dios.
Como dato curioso, volviendo al museo, en este destaca su Baúl de la Natividad, que es el más grande y mejor conservado del mundo. Fabricado en Quito en 1730, mide casi 3 metros desplegado y contiene cerca de 300 piezas de madera de maguey que recrean varios pasajes bíblicos como la Anunciación, la Huida a Egipto y el Nacimiento.
Además, algo realmente alucinante es que al mediodía se cierran temporalmente algunas de las salas, ya que es a esta hora cuando las monjas realizan el rezo del Ángelus, haciendo que los visitantes queden perplejos ante este gran momento cantado por el coro de las Madres, que se puede oír más no ver, respetando su régimen de clausura, dando así pues la sensación de estar realmente en un lugar vivo, lo que lo diferencia de otros monasterios.
Cabe mencionar que este museo ha ganado bastante popularidad por sus guiados nocturnos, los cuales son muy especiales debido a que el ambiente cambia y visitas algunas salas o exposiciones que no se muestran durante los guiados regulares.
Este gran museo te permite enriquecer tu cultura con su arte y a su vez asombrarte con los espacios. Al visitarlo realmente se puede sentir lo vivo que está, la calidez de un hogar en cada sala en lugar de la frialdad de una simple exhibición, y el saber que estos lugares y espacios siguen siendo utilizados y mantenidos por las Madres cambia por completo tu percepción. Esta joya de cultura y convivencia de espacios no es común en nuestro país, y en la ciudad es una visita imperdible, pues esta experiencia no se da en otros museos de la zona.

















