Estamos destruyendo nuestro hogar con nuestra indiferencia.
Por: Uriel Martín Pastor (17)
Como estudiantes de quinto de secundaria, a un paso de salir al mundo real, resulta indignante observar lo que estamos heredando. Se ha evidenciado la alarmante presencia de micropartículas provenientes de la fragmentación de diferentes polímeros y envases de hidrocarburos.
Lo verdaderamente frustrante es dónde han terminado: según la doctora Adriana Edith Larrea Valdivia, doctora en Química de la Universidad Nacional de San Agustín (UNSA), estos agentes contaminantes se encontraron flotando a lo largo de toda la cuenca hidrográfica del histórico Río Chili y en sus márgenes más cercanos.
Duele pensar que el agua que da vida a nuestra campiña arrastra ahora esta carga tóxica, pero la pesadilla no termina en el cauce del río. Al igual que existe esta contaminación en el agua, también ha invadido nuestras calles. Sin darnos cuenta, estamos respirando plástico todos los días.
Investigaciones europeas concluyeron que sucede esto: la principal fuente en el aire proviene del desgaste del caucho de las llantas de los automóviles. La fricción constante contra el asfalto conlleva la fragmentación del material en microplásticos que se elevan al aire de los alrededores, para ser inhalados inevitablemente por los transeúntes.
Estos hallazgos nos obligan a hacernos una pregunta urgente: en la realidad del Perú, ¿realmente existe una conciencia sobre el cuidado de nuestro entorno? Para combatir esta desidia, desde nuestras aulas estamos intentando dar pequeños pasos. Inspirados en los principios de fraternidad y servicio de nuestro santo fundador educador, impulsamos acciones enfocadas en el cuidado de nuestra casa común. Es una forma de prevención y de respuesta comunitaria para intentar mitigar el daño; sin embargo, aunque es un despertar necesario, sabemos que está lejos de ser una solución definitiva frente a la magnitud del desastre.
Esta subdivisión de la contaminación por plásticos ocurre por nuestra pésima gestión de residuos y por un modelo de vida que prioriza la comodidad por encima de la sostenibilidad. Nos estamos envenenando lentamente a causa de nuestra propia negligencia, y si la sociedad adulta no acompaña las iniciativas que nacen en las escuelas con medidas drásticas, pronto no habrá marcha atrás para el aire que respiramos ni para el agua que nos sustenta.

















